Contraofensiva yanqui: guerra económica y disputa geopólitica


deVerdadDigital web

El desplome del precio del petróleo, que ha perdido un 44% de su valor en menos de seis meses, pasando de 115 dólares a 60 el barril, habría desatado en circunstancias normales el pánico en las bolsas y la caída en picado de los activos, anticipando un nuevo colapso de la economía mundial. Sin embargo, nada de esto ha ocurrido. ¿Por qué?

La razón es que no nos encontramos ante un movimiento “natural” del mercado, regulado por la ley de la oferta y la demanda, sino ante un movimiento del hegemonismo norteamericano -apoyándose en sus aliados árabes-, lanzado a una poderosa contraofensiva cuyo medio principal es una guerra económica en torno al petróleo.

Ofensiva dirigida a romper el frente de oposición que representan las potencias emergentes, golpeando al corazón algunos de sus puntos más débiles: Rusia, Irán o Venezuela y la enorme dependencia de su economía de las exportaciones energéticas.

En 1980, Reagan preguntó a sus asesores, “¿en qué somos más fuertes que los soviéticos?” y se lanzó a una carrera de gastos militares sin precedentes que acabó colapsando a la URSS. Tres décadas después, Obama parece haber preguntado a sus asesores “¿en qué son más débiles nuestros rivales?”. Y la respuesta ha sido atacar en el flanco débil de su excesiva dependencia de los ingresos del petróleo.

Un mercado controlado
A pesar del estancamiento económico de la zona euro y la ralentización del crecimiento de los países emergentes y en vías de desarrollo, la demanda mundial de petróleo apenas si ha caído en 2014, y no se espera que lo haga en 2015.

Tampoco la oferta mundial se ha elevado en exceso, a pesar de que a través de la nueva técnica del fracking EEUU se haya vuelto a convertir en uno de los mayores productores del petróleo, pues está en su totalidad destinado al consumo interno. No hay, desde este punto de vista, razones económicas objetivas que expliquen un desplome tan brutal del precio del petróleo.

Basta mirar sus consecuencias para entender que a lo que asistimos es a una auténtica guerra económica que tiene en el hundimiento del precio del petróleo -acompañado simultáneamente por la revalorización del dólar- su principal arma; y en el punto de mira a algunos de los principales rivales de EEUU. En primer lugar Rusia, pero también Venezuela, Irán o Ecuador.

EEUU está empleando su condición de superpotencia para utilizar el dólar y el control que junto a sus aliados posee sobre el mercado del petróleo como armas políticas con las que frenar por otros medios -ya que su declive se acelera-  el avance de los países del Tercer Mundo y de las potencias emergentes que cuestionan su hegemonía.
Golpe a Putin
En Rusia, la combinación entre el desplome del precio del petróleo y la imposición de las sanciones financieras sobre sus grandes bancos y empresas a raíz del conflicto de Ucrania están provocando una tormenta económica perfecta. En apenas unas semanas, el rublo ha caído en cerca de un 50% de su valor respecto al dólar y el euro, lo que ha obligado al banco central ruso a tomar medidas excepcionales y a Putin a anunciar una inminente recesión. Ni siquiera la utilización de 80.000 millones de euros (el 20% de sus reservas de divisas) ha conseguido detener el hundimiento de la moneda rusa.

De mantenerse en esos niveles, el desafío para la oligarquía rusa propietaria de los grandes conglomerados monopolistas del país va a ser enorme en los próximos meses y años: todas ellas se endeudaron altamente en dólares en el pasado, pero hoy deben devolver esos créditos en una divisa que se ha depreciado un 50%.  Es decir, no sólo su deuda se ha duplicado, sino que tienen que hacerle frente con una caída del 44% de sus ingresos. Los riesgos de una crisis financiera de hondo calado en Rusia se multiplican hasta el punto de que el gobierno chino, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, anunciaba ayer mismo que está dispuesto a asistir a Moscú, ofreciendo “la ayuda requerida dentro del alcance de nuestras posibilidades”.

“EEUU puede asumir las pérdidas del bajo precio del petróleo, a cambio de obtener sustanciosas recompensas geopolíticas”

Por otra parte, países cuyas economías dependen fuertemente de la exportación de productos energéticos como Irán, Venezuela o Ecuador, necesitan un precio del barril de petróleo en torno a los 120 dólares -el doble de su precio actual- para equilibrar la expansiva política de gasto público en que se hallan inmersos sus gobiernos antihegemonistas. De mantenerse el actual desplome del precio del petróleo, todos ellos pueden sufrir previsiblemente importantes dificultades económicas que desestabilicen sufrente interno.

¿Hasta dónde, y hasta cuándo, puede sostener Obama esta contraofensiva?

Leer artículo original

Previous Tengo miedo torero
Next Charlie Hebdo, 40 años de impertinencia