Lo hizo a la manera difícil


Bette Davis representa la voluntad capaz de quebrar cualquier límite o regla moral para cumplir su objetivo. Por eso nos repele y nos fascina a partes iguales.


De “la fiera de mi niña” a “la loba”

Hace exactamente 25 años que murió Bette Davis, uno de los grandes nombres del cine. Su tumba está presidida por un epitafio -”Lo hizo a la manera difícil”- que resume toda su carrera y su poderosa personalidad.
En 1.999 el American Film Institute seleccionó a Bette Davis como la segunda mejor actriz de todos los tiempos. La primera era Katherine Hepburn.

Dos descomunales actrices que expresaron en la gran pantalla la que quizá es la mayor revolución democrática, todavía por culminar, de la historia de la humanidad: la irrupción de la mujer reclamando un papel protagonista tras milenios de sometimiento.

Tanto Bette Davis como Katherine Hepburn aparecen como estrellas del cine en el mismo momento histórico, el primer tercio del siglo XX, y no es casualidad. Es entonces cuando los profundos cambios en las sociedades de capitalismo desarrollado -especialmente en EEUU, punta de lanza de ese desarrollo- empezaron a incorporar de forma masiva a la mujer al mundo del trabajo, y por tanto a la vida económica, social y política, tras siglos y siglos de reclusión en el hogar.

Katherine Hepburn y Bette Davis son dos perfiles de este mismo fenómeno.

Las dos se alejan de los “cánones de belleza” oficiales, pero precisamente por eso su atractivo es irresistible. Las dos exhiben una personalidad arrolladora, expresada sin complejos. Las dos, al irrumpir sin pedir permiso trastocan el tradicional orden masculino.

Pero en Katherine Hepburn esa “mujer nueva” se convierte en “la fiera de mi niña”, antítesis del mito literario de “la fierecilla domada”. El hombre ya no puede “domar” con antes a la mujer, la dócil acompañante se ha convertido en un alocado vendaval que lo pone todo patas abajo.

Mientras que en Bette Davis los perfiles se vuelven mucho más duros. Para salir de su postración, la mujer adopta el papel hasta entonce solo reservado al hombre. Abandona los “tonos pastel” y la dulce sumisión, y se viste de guerra, dispuesta a dar la batalla hasta el final.

Recorriendo en ese camino los renglones más torcidos, los que para rebelarse obligan a ser más cruel, más retorcido. Hasta acabar convertida, literalmente en “La loba”, en una de sus mejores interpretaciones.

Pero donde, a pesar de adoptar formas reaccionarias, sobresale una voluntad de hierro, indoblegable e incapaz de rendirse a la realidad, y que por ello nos fascina.

La vida de Bette Davis se corresponde, mucho más de lo que podía imaginarse, con su personaje en la gran pantalla.

No dudaba en afirmar que “los varones tienen una mentalidad retrógrada, deben cambiar una barbaridad, y entender que la mujer ha dejado de ser un acompañante en segundo plano”.

Vivió de niña el divorcio de sus padres, y creció únicamente con la compañía de su madre. Tuvo que enfrentarse a cuatro maridos mediocres, mezquinos, y en algunos casos violentos. Criando a sus hijas casi como una madre soltera.

Denunció a los grandes estudios, peleando por su libertad creativa frente a unos draconianos contratos que no solo le obligaban a interpretar algunos papeles que despreciaba, sino incluso a apoyar a los partidos políticos que los grandes directivos decidieran.

En enero de 1941 se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Pero sus propuestas radicales provocaron un abierto boicot del “stablishmet” de Hollywood, obligándola a dimitir a los pocos meses.

Pero nunca se doblegó. Ella mismo dijo que “soy como una gata. Si me tiran al aire, siempre caigo de pie”. Remachando que “cuando más infeliz era, atacaba en lugar de lamentarme”.

 

En su posición indoblegable , y no solo en su técnica actoral, que también la tenía, reside la fuerza irresistible que nos golpea y arrastra cada vez que vemos a Bette Davis en la pantalla.

 

Todo posición

El crítico cinematográfico Juan Zavala afirma que “Bette Davis casi siempre interpreta a mujeres que sufrían y se enfrentaban a convencionalismos”.

Tenía razón. En las mejores interpretaciones de Bette Davis se expresa la fuerza arrolladora de una posición que no duda en cruzar límites o quebrantar reglas para conseguir su objetivo.

En “Jezabel” interpreta a la bella, impulsiva y temperamental Julie Marsden. En el ultraconservador sur norteamericano se esperaba que las muchachas solteras acudieran al Gran Baile de Debutantes del Olympus vestidas de un blanco prístino, como símbolo de su virginidad. Jezabel se presenta en él enfundada en un traje de rojo pasión. Toda una ruptura que acaba provocando la tragedia.

Y llegamos a “La Loba”, que William Wyler dirigió basándose en la obra de Lillian Hellman. Una escritora que simbolizaba a lo mejor de la izquierda norteamericana. Revolucionaria, pareja de Dashiell Hammett -figura cumbre de la literatura y degradado en EEUU por su condición de comunista- se enfrentó a la caza de brujas, y retrató en “La loba” el ADN de la gran burguesía norteamericana, que desde su mismo nacimiento es capaz de traicionar y asesinar a sus seres más queridos si son un obstáculo para sus planes de explotación.

El título original de la obra de Lillian Hellman es “The Little Foxes” -”Las pequeñas zorras”-, basada en uno de los versos del Cantar de los Cantares, de la Biblia: “Cazadnos las zorras, las pequeñas zorras que devastan las viñas, pues nuestras viñas están en flor”.

En esta película Bette Davis se convierte en una auténtica loba capaz de devorar a sus cachorros. Pero debe contemplar como su propia hija, la que debía ser la heredera de un imperio forjado a golpe de crimen y traición, abandona el hogar espantada ante la maldad con mayúsculas que contempla.

Vendrán más títulos mayores con Bette Davis como actriz principal. Como “Eva al desnudo”. Edmund Goulding advertía a Joseph L. Mankiewicz, director de la película, sobre la decisión de elegir a Bette Davis como protagonista: “Esa mujer te destruirá, te convertirá en un fino polvo blanco y soplará”. Pero Mankiewicz aceptó gustoso el reto, y el resultado fue excepcional.

Bette Davis bordó la interpretación de Margo Channing, la declinante diva de la escena que verá cómo la trepadora Eva Harrington corroe los cimientos de su gloria.

En el pequeño mundo del teatro, Mankiewicz reproduce las relaciones de dominación, de doblez y manipulación, que se reproducen a gran escala en la sociedad.

Culminando su carrera con “¿Qué fue de Baby Jane?”, una negrísima película dirigida por Robert Aldrich, donde Bette Davis protagoniza un “tour de force” con Joan Crawford, que vuelve a tener como tema principal el dominio sobre el prójimo, junto a una culpa que nos determina como una pesada carga.

En 1.981 una canción sobre los ojos de Bette Davis se convirtió en un éxito de ventas en EEUU. Realmente, en esos ojos insondables de Bette Davis se transmiten en la pantalla todas las contradicciones, todos los placeres y dolores, que nos tocan directamente.

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