Orange is the new black


David Simons, el guionista de The Wire declaraba en una entrevista estar enganchado a Orange is the New Black. El boom de las series de la televisión hace a veces difícil distinguir en internet las criticas objetivas de la promoción. True Detective es ahora la “serie del momento “según todos los blogs y criticas. Pero a veces las historias más sencillas son mucho más interesantes y verdaderas que las ficciones más artificiosas. Orange is the new black , escrita por Jenjo Kohan es un historia sin grandes pretensiones pero muy bien contada que refleja con gran realismo la vida de un grupo de mujeres encarceladas. Entre la comedia y el drama la ficción estadounidense inspirada en la historia real de Piper Kerman traspasa las fronteras del género. El contexto, la vida en la cárcel, no acompaña pero el tono de comedia hace de OITNB una propuesta original frente a otras series de temática similar.

Piper Chapman ( Taylor Schilling) es una niña bien que quiso ser bohemia y acabo enredada por su rockabilly novia ( Laura Prepon)en una red de narcotráfico. Chatman es blanca, come comida orgánica, y planea casarse con Jarry Bloom cuando salga de la cárcel y llevar una vida normal como heterosexual. El naranja es ahora un básico de su nuevo fondo de armario. La condena por un delito que cometió en un pasado desenfrenado pone su vida patas arriba. OITNB es diferente de otras series parecidas como Oz o Prision Break no sólo por la mezcla de géneros sino porque el día a día en la cárcel de Litchfield es contado a través de los prejuicios de una rubia progre de gustos burgueses.

Durante su condena Piper se revela a sí misma. En la primera temporada Piper se enfrenta no solo a sus enemigas sino a sí misma. Después de todo las diferencias sociales ya no son tan grandes cuando todas visten la misma “marca”. Aunque la historia esta contada a través del punto de vista de Piper Chatman Orange is the New Black es una historia coral. A través de flashbacks Kojan cuenta la historia de cada una de los personajes castigados injustamente por delitos menores. Presas de sus circunstancias una o muchas decisiones equivocadas han llevado a cada una hasta su celda. Sofía, una transexual que robaba tarjetas de crédito para pagarse el tratamiento; Red, la cocinera, quería ser importante y acabo haciendo recados a la mafia rusa; Tiffany , alias Pennsatucky ( doblada por Lisa Simpson) una adicta al consumo de cristal cree sanar a los enfermos, o incluso una monja hippy encarcelada por sus protestas políticas ( sí, en EEUU también hay presos políticos que no son terroristas) … Kojan cuenta con detalle la lucha por las pequeñas cosas que te hacen humana dentro de la alienación del sistema penitenciario.

A pesar del tono ligero Orange is the new black es una crítica corrosiva al sistema penitenciario norteamericano. EEUU, el país de la libertad y las oportunidades, tiene la población carcelaria más grande del mundo. Actualmente hay 2.200.000 personas encarceladas ( 7 millones si se cuenta los americanos el libertad condicional) En un país de 300 millones de habitantes 65 millones de ciudadanos libres tienen antecedentes criminales. Según las palabras de Piper Kerman, protagonista en la vida real: “Aprendí mucho de las otras mujeres que estaban encarceladas, pero aprendí muy poco del sistema penitenciario, puesto que lo único que te enseña en EEUU es como ser un prisionero.”

Orange da una vuelta de tuerca a una historia que ya nos han contando muchas veces con una enorme sensibilidad y ternura por sus personajes.

Una de las claves de OITNB es el magnífico reparto femenino que interpreta a unos personajes verosímiles, llenos de matices y contradicciones. Cada capítulo empieza con una sucesión de fotos de primerísimos planos de ojos, bocas, tatuajes y cicatrices de las presas al ritmo de They´s got time de Regina Specktor como si de un mapa se tratara. Es muy poco frecuente ver en televisión un retrato de mujeres tan completo como el que se dibuja en Orange is the new black a los que algunos se refieren ya como la revolución femenina de la televisión.

No sé si tanto, desde luego los hombres en la serie de Kojan son realmente los personajes secundarios cuando no los antagonistas. El señor Haily tan paternalista con Chatman despechado con ella se revela como un personaje tan peligroso como el corrupto guardia Méndez ( Pablo Schereiber) o Porntache como es conocido por el resto de las reclusas.

Kojan no es una feminista y prueba de ello es el retrato de la directora de la cárcel, la más insensible y cruel de todos los funcionarios. Kojan cuenta la realidad de un capitalismo criminal que oprime a los más débiles. No es un truco de guión sino una realidad. La mayoría de las personas encarceladas por drogas son mujeres, principalmente afroamericanas y latinas de clase obrera que no han cometido crímenes violentos. El porcentaje de mujeres que se encuentran en la cárcel se ha incrementado en un 800% desde 1990. A través de los personajes de Nicky ( Natashsa Lyonne) drogadicta que ve en Red la madre que siempre añoró tener y la desquiciada Suzane (Uzo Aduba), apodada Crazy Eyes capaz de recitar de memoria a Shakespeare, Kojan nos muestra la realidad de las mujeres con adiciones o enfermedades psíquicas castigadas por el sistema penitenciario en vez de ser atendidas por la sistema de salud.

La serie trata con enorme naturalidad la sexualidad entre las presas. El sexo entre mujeres cobra un sentido más profundo que el simplemente erótico. El sexo y las relaciones entre lesbianas se siente real. Pero el sexo, mucho más allá del género, toma en cada trama muchos matices. Diversión, desahogo, amor, abuso, moneda de cambio… OIDNB es en muchas de sus escenas más blasfemas una tragicomedia romántica.

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