De terminal a curado


Poner de manifiesto el potencial de nuestras propias defensas ante el cáncer nos sorprende con nuevos milagros.

El 92% de pacientes con cáncer terminal en un ensayo ven desaparecido su tumor gracias a una autoinfusión de glóbulos blancos modificados para atacar selectivamente las células cancerosas.

  Durante la sesión anual de la American Association for the Advancement for Science (AAAS) un equipo de investigadores estadounidenses, alemanes e italianos ha anunciado el éxito de un tratamiento contra diferentes tipos de cáncer de sangre (leucemia) y del tejido linfático (linfoma) en pacientes desahuciados desde el punto de vista de las terapias convencionales, con una esperanza de vida de entre dos y cinco meses.

Con todas las precauciones con las que hay que recibir este tipo de noticias y a la espera de la publicación del estudio en las revistas especializadas, nadie duda en calificar como sorprendentes, históricos y revolucionarios los resultados anunciados.

En el estudio más prometedor, de 35 pacientes con leucemia linfoblástica aguda tratados con células-T en el 94% la enfermedad remitió. No significa curación porque podría recidivar, reaparecer. En más de 40 pacientes con linfoma terminal  la tasa de remisión superó el 50%. En otro ensayo con enfermos de linfoma no-Hodgkin en más del 80% de los casos el tumor se redujo significativamente.

Estos experimentos se han hecho sólo sobre ciertos tipos de cáncer, falta corroborar que la remisión de la enfermedad persiste en el tiempo y que los resultados obtenidos pueden ser replicados en otros ensayos hechos por otros grupos.

Pero de partida, el milagro anunciado  no se ha producido en unos pocos pacientes,  sino en ensayos clínicos sobre docenas de voluntarios y en varios tipos de cáncer. Los pacientes en cuestión se habían presentado como voluntarios tras fallar el resto de tratamientos convencionales.

El uso de células-T se podría convertir en un pilar del tratamiento contra el cáncer

Los ensayos se han hecho sobre docenas de voluntarios y varios tipos de cáncer

Inmunoterapia

Para coger perspectiva del alcance de estos resultados hay que remontarse un año atrás.

En agosto del año pasado, desde estas mismas líneas, resaltábamos el papel de la inmunoterapia después de fuera protagonista del congreso anual de la Asociación Norteamericana de Oncología (ASCO), uno de los eventos que marcan la línea para la oncología mundial.

Este congreso se celebraba dos escasos meses después de que un ensayo internacional demostrara en 945 pacientes con melanoma avanzado (uno de los cánceres más agresivos) que la combinación de dos anticuerpos monoclonales, ipilimumab and nivolumab, detuvieran el crecimiento del tumor en el 58% de los casos. Los tumores se mantuvieron estables o se siguieron reduciendo durante una media de 11,5 meses.

Los anticuerpos monoclonales es la forma de inmunoterapia en la que más se está trabajando. Se basa en el uso de anticuerpos que marcan a la célula cancerosa para evitar que se camufle ante el sistema inmunológico. Este resultado era una nueva frontera, todo un hito para la inmunoterapia.

Los anticuerpos son las proteínas que fabrican los glóbulos blancos cuando el sistema inmunológico del cuerpo detecta antígenos extraños, proteínas específicas que bacterias, virus o proteínas cancerígenas muestran en su membrana exterior. Los anticuerpos se unen a dichas proteínas señalizando las células patógenas para que las células defensivas las detecten y destruyan más fácilmente.

Los  anticuerpos monoclonales se fabrican en un laboratorio, y al inyectarlos por vena, funcionan como si hubieran sido producidos naturalmente por el paciente. Cumplen exactamente la misma función.

Una terapia viva

De la misma forma, ya en 2014 se habían presentado resultados sorprendentes al remitir en 27 de 30 niños y adultos su leucemia linfoblástica aguda tras recibir una infusión de sus propias células inmunes.

Al igual que ocurre con los anticuerpos, el uso de células-T fortalece la respuesta inmunológica al señalizar las células cancerosas, que camuflan sus antígenos para evitar ser detectadas. Pero también refuerza un sistema defensivo totalmente desbordado por el crecimiento del tumor.

Las células-T se forman, al igual que las plaquetas, hematíes y resto de glóbulos blancos, a partir de células madre en la médula ósea. Maduran en el timo, un órgano linfoide situado entre el esternón y el corazón.

Estos linfocitos, tambien llamados timocitos, ayudan a combatir las infecciones y el cáncer, coordinando la respuesta de las células sanguíneas a través de las proteínas llamadas citoquinas; y cooperando para el despliegue de todas las formas de respuesta como la producción de anticuerpos por el otro tipo de linfocitos, los llamados linfocitos-B.

El mecanismo de esta terapia consiste en la extracción de linfocitos o células-T del propio paciente, a los que se manipula genéticamente en el laboratorio para que produzcan unas proteínas que detectan las proteínas de las células tumorales.

Así,se convierten en células cazadoras altamente efectivas contra el tumor.  Al ser reintroducidas en el cuerpo se multiplican rápidamente. Al pertenecer al mismo paciente, no hay reacción alguna de rechazo.

Esta terapia es un último recurso en caso de fallar quimioterapia y trasplante de médula contra la leucemia.

Efecto vacuna

Además, los investigadores afirman que la respuesta de las células-T se pede mantener en el tiempo, durante años, a través de un subgrupo de ellas, las células-T de memoria, células a las que se debe el éxito de las vacunas al reaccionar, tras la primera exposición, de forma rápida frente a una nueva infección o reaparición del cáncer.   

En un estudio previo, los investigadores detectaron la presencia de células-T con memoria, que mantenían su función después de entre dos y catorce años después de haber sido transfundidas en enfermos de cáncer en los que el trasplante de médula había fracasado.

Hasta ahora la terapia con células-T se considera un tratamiento de última línea por los peligrosos efectos secundarios, como el Síndrome de Liberación de Citoquinas (sCRS). De hecho, veinte de los pacientes del ensayo padecieron síntomas de fiebre, hipotensión y neurotoxicidad por esta causa.  Dos de ellos murieron. Hablamos de pacientes que habían agotado todos los tratamientos y a quienes se estimaba una supervivencia de apenas unos meses.

Tal como ocurre con la quimioterapia o la radioterapia no se trata de un tratamiento del todo inocuo.  Sin embargo, con estos ensayos se habría dado un paso para convertir la inmunoterapia con células-T en un pilar del tratamiento oncológico.

El camino es incrementar la investigación y que futuros ensayos perfeccionen un camino prometedor. España no debería quedarse al margen de recorrerlo.

La posibilidad de modificar genéticamente los glóbulos blancos ya produjo un milagro en Inglaterra cuando una niña de un año pudo superar una leucemia incurable, ante la que quimioterapia y trasplante de médula habían fallado. Era noviembre de 2015.

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