El cuento que para nosotros nunca se acaba


Para García Márquez, un cuento era algo demasiado serio. Para buena parte de la crítica era un “género menor”, territorio de prácticas para la novela, o refugio de escritores menores. Para “Gabo” era una inmejorable plataforma para reproducir las delirantes historias que le contaba su abuela. O para disparar un fogonazo de realidad, con la misma intensidad que había sido vivida.

Gabo aprendió de Las mil y una noches, pero también de Borges o Chesterton, que unas pocas páginas eran suficientes para escribir la mejor novela.

Y en sus cuentos más breves hierven novelas que ningún escritor podrá jamás imaginar.

Por eso, sus cuentos nunca se acaban para nosotros, sus lectores, porque nos poseen,nos excitan, nos hacen recordarlos días o meses después de haber sido leídos, y nos vuelven a herir o conmover como la primera vez.

Macondo nació en un cuento antes de convertirse en “Cien años de soledad”. Cuenta García Márquez que imaginó la crónica de Macondo a principios de los años cincuenta, cuando visitó Aracataca con su madre, y que escribió el nombre por primera vez en el cuento “Un día después del sábado”, publicado en 1954.

En “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada” aparece “El mar del tiempo perdido”,el cuento que Gabo escribió bajo la magnética influencia del “Pedro Páramo” de Juan Rulfo.

Quien no haya leído “Los funerales de Mamá Grande” no sabe quien es García Márquez. Cinco años antes de escribir “Cien años de soledad”, tres de sus ocho cuentos transcurren en Macondo.

El personaje de la Mamá Grande tiene referencias reales en personas y hechos históricos que el autor conoció en su infancia de Aracataca y en su juventud de Sucre, como su tía abuela Francisca Cimodosea Mejía, Tía Mama —quien prácticamente lo crió junto a los abuelos y era la gran mamá de la casa de Aracataca—, y la rica hacendada sucreña María Amalia Sampayo de Álvarez.

También están en el origen de esta tragicomedia sarcástica, humorística y fantástica la United Fruit Company, conocida en la zona bananera como La Mamita Yunai, el todopoderoso monopolio yanqui que cambió gobiernos y organizó matanzas de los trabajadores díscolos.

En los cuentos de García Márquez está todo su universo, primero en estado embrionario, luego como desarrollo de episodios de sus novelas.

Pero, en sus pocas páginas, son García Márquez en puro. Todas sus vivencias, sus obsesiones, sus deseos, sus delirios, sus temores… están en sus cuentos.

Hay quien ha dicho que dice mucho de Colombia que su personaje más ilustre sea un cuentista. Y tiene razón. Porque los cuentos de García Márquez nos arrojan pedazos de realidad en bruto.

Como diamantes sin pulir que somos nosotros, los lectores, los que convertimos en piedras preciosas.

Francesc Ten

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