La Isla mínima


     El director Alberto Rodríguez es el culpable de la extraordinaria  película La isla mínima, un thriller ambientado en la transición protagonizado por Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez en el papel de dos policías que investigan los asesinatos  de dos adolescentes en un lugar perdido en el mapa. Impunidad, secretos y corrupción recorren la Isla Mínima.

 

El crimen de La isla mínima se inspira en la novela de uno de los directores más salvajes de la literatura: 2666 de Bolaño sobre los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez ¿Qué le inspiró de la novela?

La brutalidad de los crímenes que se describen en la novela; parecen infinitos. En la novela de Bolaño había también mucha desidia, soledad, inoperancia… Hay una metáfora muy clara detrás de la investigación criminal. La sensación es que nunca se resolverán los crímenes. En el fondo, tanto en la novela de Bolaño como en la película hay un problema irresoluble. Y lo sabes desde que empiezas a leer la novela.

En la película hay dos tramas. La investigación policial del asesinato y los cambios durante el periodo de la Transición ¿cómo se relacionan esas dos tramas?

Fundamentalmente se relacionan porque ambientamos la película en el año 80. Buscábamos un paraje que fuera el adecuado para mostrar la conexión de 1980 con el 2012. Cuando escribíamos el guión de la película vimos dos documentales: Atado y bien atado y No se os puede dejar solos de los hermanos Bartolomé y los problemas económicos, sociales, y territoriales de entonces son muy similares a los actuales. Entonces las mujeres reivindicaban la ley del aborto y en el 2012 otra vez se vuelve a plantear ese problema. Es un bucle que no se resuelve que conecta con la novela de Bolaño y la imposibilidad de resolver los crímenes.

Un crimen es una ruptura en el orden establecido. La investigación policial en la ficción permite desmontar esa  realidad fabricada. ¿Sirve la trama de suspense para deconstruir un periodo tan convulso como la transición española?

Las dos tramas funcionan en paralelo perfectamente y se alimentan la una a la otra. El espectador sigue la investigación policial de los protagonistas intentando descubrir al culpable. Pero cuando la película se acaba al espectador le surgen nuevas preguntas que tienen más que ver con el contexto histórico en el que se desarrolla la película; el final del régimen del franquismo y el inicio de la democracia. Es una característica del cine negro. En el fondo las tramas son una mera excusa para hablar realmente de las tripas de la sociedad.

En la película hacéis referencia a Truman Capote quien en A sangre fría se pregunta qué antagonismos escondía América para que un crimen tan brutal se produjera. ¿Parte la Isla Mínima de esa misma pregunta?

Los crímenes son una ficción a diferencia de A Sangre Fría que se basa en un caso real pero sí enlaza con la novela de Capote. Sí hay escondido  ese bucle en el que estamos atrapados. Realmente fue Rafael Cobos, el fotógrafo de El Caso en la película, quien introdujo los diálogos en el guión sobre Capote.

La película como los planos cenitales de la marisma del prólogo es muy laberíntica.  Los dos policías en principio opuestos se encuentran y se desencuentran. ¿Cómo los definiría?

Juan es la representación de un régimen  y de una manera de organizar la vida que se está acabando. Es un personaje que se está muriendo en la película. Y Pedro pretende ser un actor importante en ese nuevo  país y viento que trae la democracia. Intentamos subvertir el cliché de la típica pareja de policías que son compañeros. Son dos policías que están obligados a entenderse y apoyarse el uno en el otro. Jugamos con el tópico para intentar desmontarlo en función del final de la historia.

¿La química entre los dos personajes es resultado de la actuación o estaba ya en el guión?

Raúl Arévalo y Javier Rodríguez no habían trabajado juntos antes y tampoco se conocían. Como los personajes que interpretan venían de otra ciudad, estaban aquí atrapados, y tenían cierta sensación común a los personajes. Se compenetraron muy bien en los ensayos. No tengo claro si esa química viene del guión, de los ensayos o de la relación que surgió entre  ellos a lo largo de la película cosa que veces ocurre y otras no.

Además en casi todas las escenas están solos en esos paisajes con un horizonte tan aplastante. El paisaje parece casi una abstracción

Las  marismas son un paisaje muy extraño. Utilizamos tomas cenitales porque es un paisaje kilométrico y plano muy difícil de filmar.  Tenemos que agradecer a Héctor Garrido, fotógrafo del CESID, que nos cedió unas fotos suyas sobre un trabajo de fractales en la naturaleza que luego animamos en postproducción. La marisma es muy difícil de filmar espacialmente, además es como un laberinto; y también temporalmente es muy extraña. Estas características venían muy bien a la historia. Es un paisaje muy misterioso. Las marismas son sin duda el tercer personaje de la película.

Habéis retratado también una galería de personajes y caracteres a punto de desaparecer.

La película surge en realidad de una exposición de fotografías de Atín Aya; un fotógrafo sevillano que retrata gentes perdidas en la nada. Cuando se mecanizó el campo la gente desapareció y quedaron islotes despoblados. Después de ver la exposición salimos con la idea de hacer un western crepuscular sobre esta gente que se habían quedado como clavados en el tiempo. En el fondo estaban solos como los personajes de la película. Por eso buscamos también actores que no fueran muy conocidos por el público para crear esa sensación de soledad y de extrañamiento. 

Esta es una película de género, pero es muy estilizada. Determinadas escenas dan un acento onírico a la película. ¿Qué significado tienen los pájaros?

Es una representación del miedo de Javier a encontrarse con la gente que ha torturado. Son fantasmas que le observan desde el otro mundo que él pronto cruzará.

El agua pasa por sitios que uno no controla literal y metafóricamente. En las escenas más intensas es también un protagonista ¿Qué valor tiene en la película?

No tiene un valor simbólico consciente. Lo cierto es que todo existe por el agua. La marisma es una obra de ingeniería bestial. Cuando la bomba riega los campos hay una explosión de vida pero cuando baja es un desierto. Lo más significativo es la tormenta final que es necesaria  narrativamente para limpiar todo y que vuelva el orden.

Dentro del thriller hay un “subgénero” que es el de asesinatos de mujeres y suelen ser películas por lo general más estilizadas. Además de las tristes referencias con la realidad ¿tienen una carga más profunda de significado estas ficciones?

Claro que sí. Aunque la película es ficción en el momento en que está ambientada la película el rol de la mujer está cambiando. Poco tiempo antes la mujer para abrir una cuenta en un banco o sacarse el pasaporte tenía que tener la autorización de su marido. Los crímenes metafóricamente nos ayudaban a hablar de un problema actual.

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