Blancanieves según Berger


El cuento es el origen del cine” Pablo Berger

Una historia de amor ambientada en la sensual y barroca Andalucía de toreros y peinetas. Una Blancanieves torera, una historia de amor a contracorriente, un cortijo en vez de un castillo y un final sorprendente.

El síndrome de Stenhdal describe el efecto que puede producir la belleza en algunas personas. Afectados de vértigos y palpitaciones muchos visitantes caen desmayados en la Galería de los Uffici en Florencia abrumados por tanta belleza. Con esa misma sensación de éxtasis sale uno del cine después de ver Blancanieves. Sin exagerar fotograma a fotograma, nota a nota Blancanieves te deja sin respiración. Berger nos cuenta el cuento como jamás nos lo han contado. Una historia de amor ambientada en la sensual y barroca Andalucía de toreros y peinetas. Una Blancanieves torera, una historia de amor a contracorriente, un cortijo en vez de un castillo y un final sorprendente. En su originalísima versión Berger rescata las tramas subterráneas que laten en el cuento original. Como en un sueño en blanco y negro Blancanieves despierta nuestros conflictos más íntimos. Una historia de amor pero también una historia de terror fruto de los celos. El mano a mano de Macarena García como Blancanieves y Maribel Verdú como madrastra; los decorados oníricos de Alain Bainée, la fotografía brillante de Kiko de la Rica o la música de Alfonso de Villalonga hacen de Blancanieves uno de los títulos imprescindibles de este año

Enhorabuena por el éxito de la película. Blancanieves compite con nada menos que 18 nominaciones en los Goya.

Muchas gracias. Es un enorme trabajo de equipo; hemos trabajado durante 8 años en la película y es una enorme satisfacción que esté gustando tanto.

¿Por qué elige el cuento de Blancanieves? ¿Qué hace tan especial esa historia?

Tiene que ver con un reportaje fotográfico de Cristina García Rodero: “España oculta”. En concreto, una fotografía en la que unos enanos vestidos de toreros miran directamente a cámara. Había tanta dignidad en esa foto y tanto misterio… Yo imaginé entonces una Blancanieves torera. Y este es el origen de la película en los años 90´. Además una de mis películas favoritas es la Parada de los monstruos de Tod Brodwing. E inevitablemente tenía que ser Blancanieves, no había otra manera de combinar estas dos historias.

Lo que hace única La parada de los monstruos, y que también está en su película, es que siendo una historia de terror los monstruos se enamoran.

Sí, claro.

¿Por qué decidió adaptar un cuento?

El cuento es el origen del cine, el origen del teatro…Yo antes que director soy un cuentacuentos. Lo que nos unió a todo el equipo y a Maribel es que esta era la historia que queríamos rodar independientemente de que fuese muda o no.

Muda, en blanco y negro… además de lo formal ¿qué hace su versión tan distinta de otros estrenos del mismo cuento?

Rodamos la película antes que las otras dos Blancanieves que se han estrenado este año para que coincidiese con varios festivales. Realmente ha sido una casualidad; pero bueno dicen que a la tercera va la vencida… Yo intenté con Blancanieves mantener un estilo más oscuro, más gótico. El cuento es solo una especie de melodía. La historia original es la base pero nunca el objetivo último de la película.

¿En qué se diferencia su película de la historia original de Blancanieves?

Creo nuevas tramas y subtramas, nuevos personajes y el final es distinto a la historia original. Para que te hagas una idea el cuento original son tres páginas y el guión de la película noventa. Si yo fuera un músico de jazz, un saxofonista por ejemplo, la melodía sería el cuento de los Grimm pero improviso y toco nuevos temas.

Ha trabajado durante cinco años en el guión…

Claro, porque igual que los toreros dependen mucho de un buen toro; nosotros, los directores, dependemos de un buen guión que torear.

Su película es sobre todo una historia de amor cuando en el cuento original los celos de la madrasta hacia Blancanieves son la trama principal.

Para mí el cine son siempre historias de amor. En mi cine la capa más importante es la emoción. Hay muchas referencias al cine, al género fantástico, o al humor porque la tragicomedia es sin duda el género que mejor representa la vida. Pero la capa más importante en Blancanieves es la emoción sincera. Intento que el espectador sienta de verdad por los personajes.

Y la relación entre padre e hija en el cuento está también muy velada al revés que en la película que es explícita.

Porque yo soy en realidad el padre de Blancanieves; esas secuencias son muy personales para mí. En todos mis trabajos como guionista o director intento que la historia me toque de una manera muy íntima. Yo soy padre de una niña de 9 años como el personaje de Sofía Rico en la película. Por eso rodar con Sofía fue muy fácil. Esa es la razón por la que el personaje del padre es tan importante. Tampoco la abuela interpretada por Ángela Molina aparece en el cuento original pero es un personaje fundamental en la película. Es una referencia al El jardín de los Finzi Contini de Victorio de Sica en el que el personaje de la abuela da su vida por su nieta.

En la lidia se representa el amor y la muerte. La iconografía taurina además de para contextualizar la época en los años 20, ¿le ha servido para construir la propia historia?

La ceremonia taurina se acerca mucho a lo que son los cuentos o la narración. Se enfrentan en la plaza un protagonista y un antagonista. Unas veces el protagonista es el torero y otras el toro. La lidia tiene una estructura muy dramática. Hay conflicto y movimiento; y un principio, un desarrollo y una final. Obviamente la muerte, presente en la plaza, le da mucha tensión a la escena. Godard decía que solo con una pistola ya tienes una gran historia. Ese baile con la muerte que es la corrida de toros es de gran importancia en Blancanieves. He estado muy asesorado por toreros y me identifico mucho con ellos en la soledad.

Incluso más allá de la propia historia cine y toros están muy relacionados porque ambas son dos formas de expresión muy populares que llegan directamente.

El momento en que Silvia Pérez, auténtica revelación del año, canta una saeta y dice “Blanca vestida de muerte…” es mágico.

Cuando lo estábamos grabando estábamos llorando. Funcionabanmaravillosamente pero no estaba planificado en el guión. Reescribí la secuencia una semana antes por problemas de presupuesto. No estaba previsto ni que saliese con los brazos en cruz, ni tampoco la saeta. Pero todo pasa por una razón y de hecho es una de mis secuencias favoritas.

Es además el único momento donde hay voz en la película.

En otro momento de la película suena también un disco que interpreta a capella la madre de Blancanieves. Silvia Pérez ha sido un descubrimiento.

Además tiene una belleza muy racial. Parece salida de un cuadro de Julio Romero de Torres.

¿Verdad que sí? En el estreno estaban todas: Ángela Molina, Inma Cuesta, Macarena, Sofía y Silvia y era mágico verlas a todas juntas.

Sobrecoge por su belleza la secuencia en la plaza de toros. Sin ser aficionada a los toros quedé muy impresionada. ¿Cómo planificasteis el rodaje de esa escena?

La secuencia final fue muy difícil de rodar. Los toros no van a las marcas como los actores. Pero en mi guión son protagonistas y quiero que hagan acciones concretas. Tuvimos mucha suerte con los toros además de contar con un equipo de efectos especiales magnífico. Reyes Navales construyó una caja especial de seguridad para poder grabar dentro de la plaza. Hemos rodado planos que nunca se habían visto en el cine.

Cierto porque los encuadres tan cercanos y la planificación de la secuencia no son nada clásicas.

Normalmente cuando se rueda con toros se rueda desde fuera de la plaza y nosotros hemos rodado desde dentro. Además hay muchos efectos y tanto Sofía, como Macarena o Daniel Jiménez Cacho tomaron durante un mes clases de toreo de salón. Yo no soy taurino pero sí creo que el cine hay que hacerlo con rigor, con exactitud y bien documentado y he intentado rodar todas las escenas con el mayor respeto.

En muchos momentos la película parece un sueño. La objetividad de la fotografía se transforma en un paisaje onírico muy inquietante.

Yo trabajo desde el subconsciente. Creo en el surrealismo y en la escritura automática. Creo que el origen de las historia nace de la naturaleza y de los sueños. Pero el cine es también narración y me gusta ordenar las piezas dándoles sentido.

En varias entrevistas ha dicho usted que le hubiera gustado ser un mago, ¿se refería a eso?

Sí, el origen del cine es la magia, no nos olvidemos de George Meliés y sus ilusiones. Mi último objetivo es sorprender al espectador.

El formato en 4: 3 resulta hoy muy poco convencional. Habéis conseguido una perspectiva similar a los sueños tan artificiales pero a la vez tan reales.

Más que sorprender al espectador sobretodo quiero hipnotizar al público. Quiero que el espectador entre en trance. Aunque Blancanieves no es exactamente una película muda sino más bien un musical, se acerca como el cine mudo mucho más a la ópera o al ballet. Exige mucho más atención al espectador y es mucho más gratificante cuando el espectador inicia ese viaje durante una hora y media.

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