La guerra del fútbol


Negocios y algo más

Detrás de la corrupción en la FIFA está la lucha por el poder en las altas esferas del fútbol mundial

Y es que también el fútbol se convierte en escenario de disputa por el poder a escala mundial. El escándalo de corrupción que ha estallado en las altas esferas de la FIFA forma parte del enfrentamiento de intereses de EEUU con las potencias emergentes. Existe una trama mafiosa que debe ser juzgada, pero ésta no debe ocultar lo que ya empieza a perfilarse como un golpe de estado en la dirección del fútbol mundial.

Esto debe preocuparnos mucho a todos los que amamos el deporte, especialmente el fútbol. Porque allí donde la defensa del deporte y los valores que representa debería ser la única razón de existencia, se ha instaurado un nido de corrupción mafiosa y ahora pretende utilizarse como arma política al servicio de los intereses de EEUU.

Cojamos como referencia la famosa frase de El Padrino, “No es nada personal, son sólo negocios”, en la que se da a entender que no pesan las razones políticas, sino las que tienen que ver con los beneficios. En este caso los hechos apuntan en ambas direcciones, es decir, hay importantes negocios en liza, pero sobretodo poderosas razones políticas. El Departamento de Estado de EEUU no actúa movido por la justicia, ni si quiera solo por los negocios como veremos a continuación.

¿Por qué tanta prisa ahora para descabezar la FIFA?

¿Por qué ahora?

El pasado 27 de mayo la policía suiza irrumpió en un hotel de Zurich deteniendo a 7 altos cargos de la FIFA (Federación Internacional del Fútbol) por blanqueo de dinero, sobornos y fraude. Los directivos del organismo internacional preparaban la elección de su presidente. Finalmente, catorce personas han sido imputadas por el departamento del FBI encargado de perseguir el fraude y esperan ser extraditados a EEUU para ser juzgados.

Se les acusa de aceptar sobornos en la elección de las sedes de los mundiales, de fraude en la gestión de los derechos televisivos y en la organización de la Copa América en territorio estadounidense.

El documento de la acusación elaborado por el Departamento de Justicia de EEUU pone especial énfasis en justificar la legitimidad de la justicia norteamericana para tomar parte. Y para ello utiliza dos argumentos. Primero que las instituciones que pueden haberse visto implicadas son JP Morgan Chase, Citigroup, Bank of America, HSBC y UBS, es decir, los gigantes bancarios norteamericanos, además de la banca inglesa y suiza. Y segundo, que 110 millones de los 150 supuestamente aceptados en sobornos han sido en torno a la Copa América que se celebrará en 2016 por primera vez en suelo norteamericano. Al mismo tiempo, y por último, EEUU insiste en que, siempre que sus intereses se vean afectados, la justicia norteamericana puede actuar fuera de sus fronteras.

Si a todo esto se le añade que los hechos de los que se les acusa a los directivos de la FIFA se remontan al 2009, tras una década de gestión de la actual directiva, ¿por qué ahora y con esta celeridad, cuando existen denuncias de corrupción contra la FIFA desde el 2004? 

Una poderosa razón

De los dieciocho mundiales de fútbol celebrados hasta el 2010 desde 1930, doce de ellos se han celebrado en suelo europeo o norteamericano (incluyendo Japón dentro de la influencia de EEUU). Solo seis, la tercera parte, se habían celebrado en países del Tercer Mundo (en Latinoamérica), que por otra parte supone el 70% del planeta. Independientemente de las dificultades de la mayoría de países para organizar un mundial, esto cambia drásticamente en el 2010. El Mundial se va a Sudáfrica, después a Brasil en el 2014 y a Rusia en el 2018. La influencia de las potencias emergentes (los llamados BRICS) se hace evidente, en detrimento de la hegemonía del “bloque occidental”, formado por la UEFA (Unión Europea de Asociaciones de Fútbol), dirigida por Alemania y Francia y que gestiona la competición de clubes, y la CONCACAF (Confederación de Fútbol de Norte, Centroamérica y el Caribe), dirigida por EEUU y que gestiona los derechos televisivos y patrocinadores a escala mundial.

Paralelamente, en abril de este mismo año, trece senadores estadounidenses enviaron una carta a la FIFA reclamando que se le quitara a Rusia la organización del Mundial 2018. Argumentaban que: “Permitir que Rusia celebre la Copa del Mundo de la FIFA aumenta de forma inapropiada el prestigio del régimen del presidente ruso [...] le aporta un alivio económico cuando la mayoría de la comunidad internacional le está imponiendo sanciones económicas por la violación de la integridad territorial de Ucrania”. Ésta, sin duda, es una poderosa razón política que ha provocado la ira del Departamento de Estado norteamericano.

¿Cómo es posible que una trama de corrupción y actividad mafiosa en el organismo internacional que gestiona el fútbol mundial no se haya destapado hasta ahora? La FIFA realiza todas sus transacciones, las legales y las supuestamente ilegales, a través de los buques insignia de la banca norteamericana. Parte de los hechos que se denuncian se han producido en suelo norteamericano y con empresas norteamericanas desde mucho antes del 2010.

Un giro forzado

El periodista Andrew Jennings ha dedicado más de 15 años a denunciar la corrupción en la FIFA, y no es hasta 2009, con la concesión del Mundial de Sudáfrica, que el FBI, “a través de un conocido del MI6 (los servicios secretos británicos)” contacta con él para que les ayude a destapar la trama. Según relata Jennings, les facilitó las pruebas de las comisiones falsas recibidas por Blazer, el representante de la CONCACAF, que ha servido de topo al FBI para grabar durante cuatro años a sus compañeros de la dirección de la FIFA. En las hemerotecas pueden encontrarse denuncias y artículos sobre la corrupción en la FIFA desde mucho antes de 1998, cuando el brasileño Havelange es sustituido por el recién dimitido Joseph Blatter.

La actuación del FBI ha sido rápida, precisa y mediática a nivel internacional. De un día para el otro los mismos que apoyaron la presidencia de Blatter durante 17 años, le dieron la espalda. Incluso el presidente de la UEFA, Michel Platini, retiró su apoyo a Blatter (53 importantes votos dentro de la ejecutiva), tan solo 24 horas antes de que estallara el escándalo. Aún así, el ejecutivo suizo de la FIFA fue reelegido, al mismo tiempo que su opositor, Ali bin al Hussein de Jordania, se retiraba.

La justicia norteamericana, y con ella el Departamento de Estado de EEUU y la influencia norteamericana han forzado un giro en la FIFA que no ha hecho más que empezar. Muchos y variados son los intereses de EEUU, empezando por los 3 billones de euros facturados por la FIFA gracias a Coca Cola, Continental, Johnson & Johnson, Adidas, Emirates, Visa, Castrol, McDonalds, Hyundai, o Sony. Intereses por los que la superpotencia deseaba tener mayor incidencia dentro de la FIFA, en vez de participar a través de “terceros” con los representantes de las antiguas colonias británicas en la CONCACAF o influyendo en los de la UEFA.

No es deporte

La justicia debe llegar hasta el final y depurar la trama mafiosa hasta sus últimas consecuencias. Y eso no lo hará el mismo sistema de justicia que se considera legitimado para actuar en otros países cuando peligran sus intereses, pero que no acepta que se le juzgue cuando se cometen crímenes bajo su bandera, como en el caso del cámara José Couso, por ejemplo.

Pero sobretodo no lo hará porque los hechos nos dicen que depuraran responsabilidades hasta que se reestablezca la coherencia de la FIFA con el aislamiento que EEUU está promoviendo con Rusia en todo el mundo, por una parte, y con el enfrentamiento con los BRICS de muy diferentes formas, por otra.

Como decíamos al principio, y si los hechos se confirman, es decir, si tan solo se depuran a las cabezas visibles de la trama pero ésta permanece intacta, los amantes del deporte habremos asistido a un auténtico golpe de Estado en la dirección mundial del fútbol en función de intereses políticos y geoestratégicos de la superpotencia. No es deporte, ni solo corrupción, ni solo negocios. Hay algo más que no puede significar más que la destrucción de los valores del deporte, y especialmente del fútbol. 

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